Miércoles, 08 Sep 2010
 
 

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MANUEL ARÉVALO CÁCERES. HÉROE NACIONAL, A LOS 73 AÑOS DE SU MUERTE PDF Imprimir E-mail
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Escrito por luis aguilar   
Miércoles, 03 de Febrero de 2010 17:57

Blasco Bazán Vera: Este año 2010 se cumple un aniversario más de la trágica muerte de uno de los más preclaros hijos del APRA: Manuel Jesús Arévalo Cáceres; motivo por el cual lo volvemos a recordar con la más profunda unción con que se recuerda a los nacidos para ser héroes.

 

 

 

 

Quienes nos sentimos involucrados en la gallardía y firmeza de la historia  aprista no podemos pasar por alto el mensaje de clara peruanidad que nos dejó este hombre.

Recordar la forma como murió, parece ser un sueño irrealizable, pero la realidad nos forza aceptar tal suceso, considerándolo que para este Héroe, no hubo derechos humanos que lo amparen y  sólo la protesta, colmada de impaciente rabia, remeció intensamente  las fibras de quienes lo conocieron como un hombre, sencillamente pragmático y leal.

Lo buscaron fieramente. Indagaron sus paraderos. La orden fue matarlo donde se le halle, y al no encontrarlo, recurrieron a la denigrante delación. El 3 de febrero de 1937, fecha en que lo capturaron, recién sus esbirros conocieron lo que era tener a un hombre de titánica fortaleza.

Ese hombre, aprista, de Magdalena de Cao, La Libertad, casado, lleno de una innata sabiduría, con hijos que mantener y esposa que amar, soportó bizarramente la espantosa tortura del castigo al que se le sometió y eliminó las zalameras propuestas de vivir hogadamente, con tal de apartarse de su partido, el APRA, al que amó hasta más allá de la muerte.

Desde que lo capturaron le ofrecieron mil motivos para desarraigarlo del APRA, pero su valiente negativa hizo trizas  los nervios de sus abusadores que impotentes, primero, le negaron el agua, luego la comida pero al verlo lozano y resuelto optaron por quebrantarlo llevándoles sus dedos para ser triturados con los goznes de las puertas. Le rompieron los huesos, le hicieron gritar de dolor, quedóse casi mutilados de manos, pero ahí quedaba el hombre, el ciudadano, el peruano, el héroe Manuel Arévalo Cáceres, transformándose con el dolor, en auténtico Héroe Nacional.

El 15 de febrero de 1937 se ordenó trasladarlo de Trujillo hacia Lima pero la tierra de su Gólgota lo esperaba, no como una cómplice, sino como la llamada para darle descanso al cuerpo fatigado y castigado del hijo que venía. Esa tierra fue el “Colorado Chico”, inhóspita pampa entre Huarmey y Pativilca, aquí se cumplió la orden fatal del criminal Damián Mústiga y sus tres criminales: “el chino” Polo, conocido narcotraficante quien tenía carta blanca de la policía para su negocio, de Saldarriaga y Espantoso.

Este 15 de febrero de 1937, muy temprano volaba el alma de nuestro Héroe Nacional Manuel Arévalo Cáceres hacia la eternidad, hacia el arcano rojizo y misterioso donde lo esperaban sus coterráneos y todos los apristas fallecidos donde  resaltaban de jolgorio las almas de sus compañeros caídos en la sacrosanta Revolución del año 1932.

Llegó a la mansión de los héroes y todos los apristas en el más allá  se confundieron en un solo apretón de: “En la lucha, hermanos, en la Victoria, hermanos, en el Dolor, hermanos”.

Gloria en la tumba de nuestro Héroe Nacional y que su ejemplo nos siga alumbrando y acerando las fuerzas de conseguir el camino por el  cual él lucho y murió: LA JUSTICIA SOCIAL, que sigue siendo un reto para todos los apristas de abnegada acción.